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Mostrando entradas de 2024

Cielo oscuro

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Todos tenemos derecho a sentirnos bazofia en ocasiones, cuando el cielo se hace gris y nos mira desde arriba con una soberbia irreversible. Cuando pecamos contra lo intrínseco de nuestro ser, aquellos principios que nadie impone más que nuestra voluntad misma. Cuando arrebatamos la calma de mente y el espíritu hiede a podredumbre, de la negra. Tenemos derecho a auto-flagelarnos una y otra vez, a sentir en carne viva las llagas de nuestros errores, de la oscuridad que poseemos, los estigmas de nuestra propia traición a lo que juramos amar y cuidar tanto. A desgarrar por trozos la hipocresía con la que profesamos algunos días. Tenemos derecho a estampar nuestras heridas con fierro ardiente, marcar con sangre para nunca olvidar tanta promesa exhalada por los labios. Tirarnos de las ropas, enredar las greñas, estirar nuestras ideas hasta hilarlas finas y, que poco a poco, recobren la cordura. Tenemos derecho a nuestros instantes sombríos, donde se vale sentir y odiar la espesura del ser fr...

El pasillo

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Mi vaso con agua cae al suelo quebrándose en minúsculos pedazos. Deja un agualotal desastroso capaz de hacer resbalar a cualquiera. Yo rapidito recojo del piso lo que alcanza con la servilleta que siempre mantengo en la mesa de noche. Seco con apuro el líquido con los ruedos de mi bata de dormir. ¡Qué escándalo! Por suerte nadie ha despertado. El pasillo junto a mi ventana es frío, especialmente de noche. Una maraña de mosaicos decorados gastados de tanto trapo que han llevado. Huele como a cloro o vinagre, ¿qué se yo cuál menjunje usará la encargada para matar los bichos? Lástima que no lo mate todo. Se ha vuelto frecuente que observe a los niños curiosos que se pasean en puntitas a lo largo del pasillo para no ser descubiertos. O los pajarillos nocturnos que dejan un taca taca taca apresurado al pasar. ¿Ha escuchado usted como suena el golpe de uñas rítmicas sobre una superficie lisa? Sí, justo así suenan las patitas. A mitad de la noche pelo el ojo y me asomo tímidamente al filo de...

El muelle

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     Me encuentro al borde, descalza, impasible, contemplando en calma el mismo mar que Raúl y yo tantas veces apreciamos juntos. Mirada al frente, perdida en el horizonte, ausente de emoción. El ambiente empalaga aquí —pensé—, al menos media docena de parejas se hacen promesas falsas de amor eterno, mientras se acarician y prometen una fidelidad a ciegas al calor del momento. ¿Mas cuál calor? Será acaso un vaho, una calenturilla de sábado por la tarde, esperando que de aquí a que oscurezca, unos cuantos tengan suerte y culminen el día con sexo tímido y casual a escondidas de sus padres o sus respectivos chaperones.      Raúl y yo frecuentábamos el muelle los viernes —menos gente decíamos—. Bastaba con un par de sándwiches, una bolsita con nueces y, si teníamos suerte, un cuarto de botella de licor de anís o algún otro sobro alcohólico de nuestros hogares. Él vivía enamorado de la vida, en un perpetuo estado de asombro y eso, en consecuencia, me enamoraba d...

Leche quemada

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        El golpe rítmico de la hoja del cuchillo contra la tabla de madera suena tac, tac, tac . Cruje la cebolla, mientras doña Ceci se seca los ojos con la esquina del delantal. Más que resultado del zumo de ese bulbo, llueven gotas de tristeza de aquellas esferas marrón oscuro. Su compañera de labores, frente al calor de la cocina, remueve en silencio, con cuchara de madera, el contenido de la olla.      —Merce, ¿usted qué cree que vaya a pasar con el patrón?      —Lo vamos a cuidar hasta su final, como prometimos. Le escogeremos una ropita de domingo y dejaremos que se lo lleven los de la funeraria pa’ que lo terminen de alistar.      —Sí, ¿pero usted no vio cómo se le aguaban ahora esos vidriecitos de solo pensar que mañana tal vez no esté aquí, entre los vivos? ¿Usted a dónde cree que se vaya? ¿Será que bajan todos los ángeles y parientes para ayudarlo a llegar a la luz, como en las películas?    ...

El mensaje

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     Tomo un poco más de vino… o café, da igual. A las 7:49 de la noche se da una el permiso para escoger el elixir de su preferencia. Al fin de cuentas hoy nadie juzga, es viernes, de música, lluvia y pensamientos enredados. El reloj de la cocina tictoquea  restando segundos de vida, mientras los vecinos de al lado celebran, entre risas y amigos, el trigésimo cumpleaños de Marco.        Yo, de pierna desnuda extendida en el sillón, miro de reojo a Saúl sumergido en su teléfono. Respira y se mueve, señal de que está vivo, pero su ausencia me encabrona más que nunca.      —Besé al vecino.      —Ahhh… qué bien… —pausa larga. Disculpá ¿qué decías?      —Nada, que ¿qué se te antoja hacer?      —Así estoy bien, si querés encendé la tele, si te hace falta. Yo ardo hoy. Me comen las ganas por un encuentro. Por no sentirme mueble o licuadora, parte del paisaje de nuestra casa. Que llevemos más de...

Tenemos algo pendiente

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Dicen por ahí que la verdadera esencia del romance es la incertidumbre y, si esa frase tiene algo de cierta, mi noviazgo debe estar al tope, en la cúspide, porque cómo me cuesta descifrar a Giulio. Un día me ama y al siguiente no me quiere ni en pintura. No lo culpo, eh. Yo ya estaría hasta las cejas de mí, de tanto alboroto que se me hace; de tantas vueltas que terminan por convertirse en mi vida. No me justifico. ¡Es lo que es! Que yo sea un desastre no quiere decir que no lo quiera y mucho. Hoy es día festivo y hemos quedado en dar un paseíto a la playa más tarde. Amaneció medio raro él; como frío, decidido a darle muerte a esto que llamamos amor. Pero yo no puedo soltar tan fácil. No quiero. Su misterio me encanta y si cortamos acá dejaremos pendiente media vida. Giulio no dura mucho en llegar. Monto su ciclomotor y aseguro la mochilita que lleva lo necesario para el día. Una vez ahí, recostados en cruz sobre la arena, le digo:     — ¿Sabés que aún no hemos planeado el via...

Tarde de tertulia

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Enciende su cigarrillo con calma,  agita   un par de veces s u mano y apaga la llama del cerillo. Inhala profundo y exhala vida. El humo  zigzaguea  la habitación, seduciendo, como en esas  escenas  a blanco y negro de l   Hollywood   de  los años cincuentas. Podía tener  ochenta y siete  años, pero  María Amalia  sigue siendo diva.  Lo suyo es la vanidad intelectual  y ese aire a  f emme  f atale  que  cautiva  a través de su fuego interno, su capacidad de liderazgo y esa figura autoritaria, que aún con  el tiempo  no desvanece.   - ¿ Otro, ma?  -pregunto  afligida . -Si no morí cuando devoraba tres cajetillas al día, menos ahora .   ¿ Acaso e stás escribiendo mi réquiem  ahí con tanta  palabrita  en tu cuaderno ?  –  dice en tono molesto . -No, te observo y tomo notas.  Siento que si no escribo m uere este momento  y quier...

La Entrevista

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-Ma, te voy a grabar. Mirá a la cámara, no pasa nada. Comencemos en tres… dos… uno… - ¿Está encendida? -Sí, ma, decí tu nombre y edad. -Me llamo María Amalia Rodríguez y tengo ochenta y siete años, cumplidos ahora en mayo. Mi madre sufre de demencia senil y sus recuerdos se destilan gota a gota de su frágil memoria. Deseo saber con ansias qué queda ahí. Escuchar el tono y el timbre de su voz, hacerla sonreír un ratito, que se sonroje o que sienta algo que lleva muchos años sin sentir. -Contame de la primera vez que te casaste. - ¡Ay cariño!, antes uno no se casaba por amor, lo hacía porque la edad era adecuada, y si tus padres aprobaban a alguien de bien, te resolvían la existencia. Te dedicabas a las tareas del hogar y a criar los hijos y como por arte de magia, ¡ puff tenías una vida hecha y derecha! Kurt Oser fue el marido que mi padre escogió para mí. Un distinguido caballero de origen germánico, casi cuatro décadas mayor que yo, dinero en el bolsillo y sin dramas al hombro. Yo no ...

A su Servicio

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Una mañana, como muchas otras, el vaivén de sus caderas la llevó hasta la terminal tres del Aeropuerto José Martí. Ahí donde era fácil atisbar gringos y toda mezcla de extranjeros era el lugar indicado para ofrecer sus servicios; después de todo, Cuba tiene ese encanto santero con el que muchos se deleitan. Sentada a la sombra, escapándole al sol de las 11 de la mañana, se encontraba Estela y sus guindajos, talismanes, piel brillosa, húmeda y su instinto a flor de piel, esperando su primer cliente del día.  Aterrizó el vuelo internacional en punto y una turba de gentes de distintos rasgos y dialectos salió por la puerta de llegada. Uno de cabellos dorados y estructura esbelta, tosco, pero a la vez con mirada ansiosa cruzó sus ojos con Estela y sin vaticinar se encaminó directo a ella. - ¿Es usted, verdad? -Asere, ¿qué bolá? Depende para qué y quién pregunte -dijo Estela. -La bruja, la que hace hechizos, la que libra de males y cura el alma. - ¿Cómo te llamas amigo? -Borja, dejémosl...

La encantadora de Sombras

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Dicen que paraliza multitudes al pasar. Todos le huyen. Ella, mujer en sus treintas, santera, pagana y sensual, es de esas que hace todo tipo de macuás, conjuros con hierbas y genera mal de amores por unas cuantas monedas. Se dedica a todo lo oculto. Sus cabellos son negros, largos, tan desordenados como su mente. Isleña del Caribe, morena, muslos rellenos y piel expuesta. Sus besos solo los desea la muerte y sus ojos miel son la ventana a otros mundos. Cuenta la historia que una vez maldijo a una mujer que se atrevió a confrontarla.  -Tus chamas, se arrastrarán como serpientes por el suelo – vaticinó. Los cuatro partos de esa pobre, resultaron en hembras, todas nacidas con caderas luxadas, requiriendo severas cirugías para poder andar. El tintín de sus conchas de mar, collares y cuanta vaina anda encaramada, anuncia siempre su presencia. Sus pies semidesnudos llevan solo un par de sandalias viejas. Sus ropas, holgadas y escasas van de la mano con el clima de su tierra. Estela de n...

¡Ay, chiquilla!

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Desde ya llevás tu saquito de angustias al hombro, y cómo pesan. Allá en San Carlos, en Jacó, en Carara, Puntarenas y mil escenarios verdes y azules, sí que te sentías a gusto ¿verdad? Andar guindada como garrapata de Gaby te hacía feliz. Sentirte parte de la prole de tu hermana mayor se te hacía natural. Ese era tu lugar, más cómodo que tu propio techo. ¿Cuántas fotos, paseos, risas y rol de tía a tan cortos once años? Una etapa dorada que genera añoranzas. Esa sonrisa a medias la has llevado puesta desde siempre. - ¿Caro, por qué te siento como con un nudo en la garganta? -Porque pienso en todo lo que te falta por vivir, como el corazón te explotará mil y una veces en minúsculos pedacitos y tendrás que ingeniártelas para armarlo de nuevo. Carito, prometeme que te vas a cuidar, que te vas a querer como a nadie y que te vas a poner de primero ante cualquier situación. Olvidate de las inseguridades que ni idea tenés de lo que viene, terminá tu infancia rodeada de tu mismo amor, magia e ...

Naty

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Ella es sol y luna a la vez. Mezcla encantadora de aromas, bailes y formas que la hacen única y perfectamente espectacular. Proyecta luz: cálida, incandescente, de esa que te abraza y no suelta, hasta darte paz. Ella es aire y tormenta, juntas en simétrica armonía. Armonía en movimiento que no calla, que no es sombra, que se hace presente con toda su fortaleza. Ella es lluvia y agua de mar, parte caída del cielo, domadora de mareas y gentil como solo ella sabe serlo. Paz, sol, luz, amor, verdad, plenitud que envuelve, que contagia, que sosiega el alma.  Ella es ella, voz infinita, espiritual, ser maravilloso. Ella es Naty.

Duelo de lunes por la tarde

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-Me voy -dice Diego. Yo siento un frío helado recorrer mi cuerpo de pies a cabeza. -Me voy a recorrer nuevos mundos, a sentirme libre, a llevar mi música a todos los oídos, a volar lejos y encontrarme de nuevo. - ¿Te golpeaste la cabeza? Sos un hombre de familia con un chorro de años encima y un hijo que debemos terminar de criar. Entiendo lo de perseguir los sueños y encontrar propósito en esta vida, pero ¿qué me estás queriendo decir? ¿Te dio la  mid-life crisis ?  - dice Elena. -Tengo sed de mundo, Elena. La vida es un ratico y cuando menos lo esperamos, ¡fuácata! - ¿Sé que tengo mis locuras, mi pasado y mis demonios, ¿pero acaso de eso no se trata la vida? ¿De ser fuertes el uno por el otro? Vos sos mi fortaleza, mi roble, mi paz, sin vos puedo ser madre y mujer, pero jamás al mismo nivel. Yo te ofrezco mi corazón, mis sueños, mi ternura y mis manos para jalar juntos este yunque, parejito, lado a lado. ¿Acaso no es suficiente? -Elena pará, no llorés que se complica to...

Don Elicio

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Lloro como Magdalena en el sillón verde de la sala. Junto a mí, mamá consuela mi pena con un tecito, mientras seca mi pecho y mejillas con el limpión de la cocina. Este tipo de escenas se sienten ya normales en casa.  Este año me gradúo con honores del Colegio Superior de Señoritas y mi familia lo celebra. Aquí, no sobra dinero, pero tampoco hay escasez en nuestras bocas ni miseria en las tardes de café acompañadas de buena tertulia. Mamá, con sus dones para la costura, me ha confeccionado un vestido corte en A, color celeste marino. Lo ha adornado con los mejores encajes y hasta ha forrado en satén cada botón de la espalda. Tras noches de trabajo, me lo presenta orgullosa la tarde de mi de graduación, y yo, sin creer lo que ven mis ojos, me lanzo a abrazarla por tan exquisito gesto.  -Andá, vestite, que te agarra tarde -me dice. Todos en el salón confiesan que parezco princesa, y yo de verdad me siento así.  - ¿Y usted, para dónde cree que va?, pregunta papá. - Para el b...

¿A qué viniste?

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Y vos, ¿a qué viniste? - Me pregunto.  A llenarme la mente de sueños y barbaridades. A sentir en demasía, a creer en todo lo bueno, a jugar de que todo lo puedo, porque todo lo soy. ¿Quién se atrevería a decir lo contrario? Vine a alcanzar los ratos más felices, a pasear por las montañas más verdes, a escuchar la música más encantadora y a degustar los platillos más deliciosos. A eso vine yo. Si no, ¿para qué la pena? A menos que vos vengás a reprochar cuentos, a saldar deudas, o a dar su merecido. Uuuuuuy qué oscuro me sonó eso. De terror. No puedo. Mucha amargura guardada y a flor de piel. Yo hablo de venir a hacer lo bonito: a sentir amor, emoción, alegría, gratitud, maripositas en la panza. Nerviosismo del bueno. Como cuando me provoca un leve desbalance si se elevan nuestros pies del suelo, y volamos. Eso sí con ancla a tierra. Me decía una mujer sabia, que siempre hay que tener un ancla que nos regrese al suelo. Dios guarde y vayamos a volar tan alto que nos perdamos en las n...

Ramón de Dota

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A mí me han tachado de loca, revoltosa y hasta malcriada. Porque las verdades las digo desde el hígado, con corazón en mano, sin velos, asco ni miedo. Siéntase usted en total confianza de saber que, si le sonrío, es desde adentro y si mi rostro me delata, es porque no sabe ser más que sincero. ¿Que por qué me he peleado con la tía Luisa? Por cobarde. Porque ella no hace más que maquillar de rosa lo evidente; que el padre de Alberto, mi prometido, no era casto, ni bueno, ni irreprochable. Qué mas bien pecaba de mosca muerta y algo oscuro y tormentoso se traía entre manos. ¡Que sí! Que todos en el pueblo lo querían, eso sí le creo. Que tenía buen don de gentes, también. Pero para mí que cubren tanto a este bandido porque de seguro más de una mujer tenía y más de un hijo dejó botado. Que yo me lo averiguo, - me he jurado. La versión oficial dice que Ramón, el papá de Alberto, fue el orgullo de su familia religiosa y prudente, como se debe. Nunca faltaban a misa y su alianza con la parroqu...

Ser Músico

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–Y usted, ¿por qué no se dedicó a la música? –Uy, es que esa pregunta es muy personal. Por frustración, por inseguridad, por creerme muy poco, por pánico escénico, por falta de apoyo quizás. –Pero ¿no es que su abuelo era talentoso director de orquesta, aquél, el de los “ Wilson’s Boys ” y que hacía los arreglos de todos los instrumentos? Que sus tíos tocaban acordeón, que todos sus primos son guitarristas o cantantes, que su tata le hacía al órgano y era fan de las Big Bands y su hermano se destacó con la guitarra eléctrica en la escena rockera de este país, en fin, músicos. –Pues yo de la profesión no sé mucho. Solo sé que se trae en las venas. Que sin música no existo, no vibro, no soy. Que me elevo, que trasciendo las fronteras de los idiomas, de los instrumentos, de las notas cuando escucho alguna melodía. Porque la música en sí, ya es un idioma, ¿sabía? –Pues claro, si acaso se necesita saber qué dicen todas las canciones para tararearlas o bailarlas. ¡La música se siente, y punt...

Autorretrato

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La sangre, la flor, la joya, el rubí. Cursaba yo mi segundo año de maestría en la universidad, creo que pocas veces me he sentido más viva, más fuerte, más auténtica, más yo, cuando el profesor de diseño, nos pide como proyecto un autorretrato pictórico. Yo, en pleno éxtasis de juventud a los 26 años, me sentía explotar en pasión, en euforia, en sueños, en emociones de mil colores; estaba a penas iniciando la vida que escogí llevar y me presentan esta grandiosa oportunidad. Pensé primero en cómo dibujarme, retratarme, pero ¿cómo un pequeño lienzo sería capaz de contener tanto que llevo por dentro? En ese entonces, decidí analizar mis colores. Llevaba más de dos años gritando a diestra y siniestra que me encontraba en mi etapa roja. Y hoy me pregunto, ¿un poco soberbio para la época no? Pensé en artistas como Picasso que se definían en su periodo azul o gris y yo muy prepotente dije: ah pues entonces yo soy roja, y, además, en desarrollo. Analicé todos los demonios que me que me atormen...

Punta, tacón

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Punta, tacón, punta tacón. Que mi sangre es color vino, intenso rojo colorado, mi cabello con sutil brillo siempre negro y adornado. Que mi cuerpo vibra lindo, cuando tú estás a mi lado , en especial si hay ritmo y bailamos apretao’. Solecito mío, brillá hoy un poquito, que este día es domingo y nos vamos al parquecito. A dar una vuelta andando, a oler flores en los prados, a sonreírle un poco al mundo que se siente a veces  agotao’. Punta, tacón, punta , tacón. Mi vestido tiene vuelos, lunares y bordados y se mueve bien bonito cuando bailo lado a lado. A mi me gustan todos tus tonos, claros , oscuros y manchados, llevo todos tus colores conmigo en mi piel bien tatuados. Que la vida es un ratico y si duermes te deja tirado, por eso veinte aquí conmigo y zapateamos en privado, haciendo ruidos fuertes homenajeando a todos los nuestros, los que nos han dado abrigo y nos han alimentado. Y se alimenta no solo la tripa , sino el corazón con cuidado y de a poquitos lo adornamos tanto con ...

Quedate así.

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Quedate así, sola, sin zozobra pero en silencio. Con las pestañas apretadas para que no lluevan tus lagrimas. Con un nudo grande en la garganta para que no se escapen los suspiros y las palabras tibias , con el corazón enjaulado para evitar que se salga de vos y corra con voluntad propia. Quedate así , bonita , con mejillas sonrojadas , con labios recién besados, aun palpitantes extrañando aquel contacto tan suave . Con tu cabello enredado, con la memoria embobada y tu piel aún erizada. Quedate así, añorando su ausencia, disfrutando lo último de su aroma, de su perfume, soñando a medias con un próximo e incierto encuentro, con sal en la piel y ardor en las venas. Así, con expresión vacía , el alma herida, la mirada fija , perpetuando esta noche perdida. Quédate así . Fue suficiente.

Auténtico

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Ser auténtico es de pocos, de valientes me refiero. Tan fácil copiar al guapo, al exitoso, al adinerado, al de la casa con más habitaciones, al que salta más alto, al que patea más fuerte, al del músculo más prominente, a la que tiene la melena más sedosa, la sonrisa más hermosa, las curvas más redondas y la nariz más respingada; en fin, al que mueva mejor las nalgas al son de cualquier canción o al pelotudo que mezcla de manera refrita cualquier poema o melodía de antaño. Ser auténtico toma huevos, y grandes. Pues hay que esquivarse las cachetadas que te da la vida, las críticas de los que solo saben ser sombra, las migas y abucheos por no ser valorado, por ser la oveja negra entre el montón, el que no encaja, el que sobra. Y comentaba hoy por ahí que esos bichos raros están al borde de extinción... si no es que ya desaparecieron. Wow, sobresale aquel, el caballero que detiene la habitación con solo su presencia. Un par de pasos firmes al frente y ya roba miradas por su ceño con aire ...

Furia

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Lo mío es el brío, faz al frente, valiente, pecho hinchado, corazón de lado sin permiso a sentir gota de cobardía . Rostro encolerado, malhumorado, resistente, resiliente, que solo sabe seguir derecho sin desvío ni mal gesto. Lo mío es la brasa que arde, que arrasa por dentro, sentimiento taurino sin ser herido.  Pierdo mis estribos, vuelo como el viento, corro como trueno, sin rumbo, tal tren descarrilado, sin fin del terreno. Relincho, respiro, me encojo y me estiro,  aprieto mis dientes, me entrego a mi mente y me preparo para ganar todas mis batallas: internas, secretas, malditas , terroríficas, batallas donde reina el miedo, solo mías, batallas sin dueño. Busco una pausa, para ver lo evidente, tal clarividente con su esfera de cristal . Dígame algo inteligente, elocuente, le pido, no lo que recita a cualquier cliente. Muéstreme su sonrisa, aunque sea de Mona lisa , péleme el diente, al menos hágame creer que tiene usted buen don de gentes. Siento olor a ceniza fresca, pol...

Brincando charcos

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  Y fui saltando charcos... de uno en uno, de tres en tres, tan distantes a como me alcanzasen las piernas, los músculos, las ganas, la energía y mis zapatos rotos. Y pierdo la cuenta eh? de los pozos de agua, de los reflejos, del salpicar de lluvia cayendo, de las gotas, de los pasos, de mis brincos. Pues dicen que cuando algo se disfruta  vuela el tiempo, y vuela el alma también. Pues nos nutrimos de risas, de arte, de cosas bellas sin sentido, de los minutos libres donde nadie nos llama ni nos necesita. Esos tiempitos donde somos libres, sin distracciones ni responsabilidades. Solo uno; uno con su mundo, con sus charcos, con sus brincos. Y si nadie nos interrumpe? Y si nadie nos llama, y llegamos a mil millones de kilómetros de distancia? Donde ya nadie nos conoce ni nos exigen. Ahí sos el nuevo, el raro, el diferente. Nadie espera nada, no saben quién sos. Y empezás de cero. Creando una identidad distinta a la de antes? Diciendo miles de mentirillas blancas solo para ver l...

Semana Santísima

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Como si me hubieran arrancado el alma, de a trocitos, así llevo más de dos semanas sintiendo, hirviendo en cólera que no se evapora. Con ganas de destruir el día y callar la noche. Como con fuego adentro que no se apaga, que arde, crece y se empodera con los días. Perdida entre tantos lamentos vagos, tan pequeños que hasta vergüenza da dejarlos salir al aire. Chiquitica, sin voz, siguiendo órdenes: Siéntese aquí, corra para allá, duérmase un ratico por acá, ejercítese a la vuelta, muévase con gracia para la foto, venga venga que curamos todas sus heridas, me han prometido. Y yo? Yo qué sé de qué carajos hablan! De las dolencias del corazón? De las de ser madre?, de las de ser emprendedora a medias? De la dolencia de soñar mucho y recibir nada? De la dolencia de pedir ayuda cuando nunca aprendí cómo? Da vergüenza aceptarlo. Da vergüenza pensar que mis agobios son los sueños de otros. Pero igual duelen eh? Me han dejado a medias en mi realidad... a medio peinarme, a medio vestir...

Conoceme de nuevo

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Conoceme otra vez, a la yo de hoy, de ahora. Conoceme con mis nuevos colores , anhelos y ambiciones, más lila y menos roja. Con mis otras canciones y formas, no las de antes.  Conoceme de nuevo, con más años y un par de canas, con marcas de triunfo y guerra en mi piel , con corazón valiente, con mirada resiliente y quizá hasta más sabia. Conoceme, reconóceme con más historias, con más perdones, con más amores, con más vida transcurrida. Conoceme ahora, con la misma esencia y acentos distintos,  con más libros en mi memoria, con más cuentos enredados, con más música en mi alma, con más besos en mis labios, con más carácter y paciencia. Conoceme otra vez, con otras rutinas, otras metas y otros sueños, no los de antes. Soy distinta, no me añores, vivo en cambio constante. Conóceme de nuevo.

Canto

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Viernes 29 dic 2023 A veces quisiera andar por la vida cantando, como desquiciada, liberada, empoderada, sin tomar en cuenta los cuentos que escucharé mañana. De la fulana de sonrisa amplia, de la mujer que volaba sin alas, de la chica a la que el sol perseguía por las calles, esa que cantaba a pulmón abierto sus sentimientos, sus mentiras que ni ella se creía, sus verdades que le aterraban, sus amores reales y secretos, sus patrones de vida, sus angustias, anhelos y emociones. Cantaba al son de los camiones, del tren, de los pájaros de la gente, de la bulla que genera el mundo al girar. Esa mujer que corría en sus sueños y llevaba vida pausada, que era tímida por fuera y fiera indomable por dentro. Esa mujer que, con su voz, desarmaba el mundo, detenía peatones y vehículos pues su canto era tan fuerte que hasta los sordos la escuchaban en el alma: Si, cantar, con lo que resuene el día, cantar tangos, baladas, flamencos sufridos con voz ronca y tilinte. También cantos de euforia que te...