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Mostrando entradas de octubre, 2024

Leche quemada

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        El golpe rítmico de la hoja del cuchillo contra la tabla de madera suena tac, tac, tac . Cruje la cebolla, mientras doña Ceci se seca los ojos con la esquina del delantal. Más que resultado del zumo de ese bulbo, llueven gotas de tristeza de aquellas esferas marrón oscuro. Su compañera de labores, frente al calor de la cocina, remueve en silencio, con cuchara de madera, el contenido de la olla.      —Merce, ¿usted qué cree que vaya a pasar con el patrón?      —Lo vamos a cuidar hasta su final, como prometimos. Le escogeremos una ropita de domingo y dejaremos que se lo lleven los de la funeraria pa’ que lo terminen de alistar.      —Sí, ¿pero usted no vio cómo se le aguaban ahora esos vidriecitos de solo pensar que mañana tal vez no esté aquí, entre los vivos? ¿Usted a dónde cree que se vaya? ¿Será que bajan todos los ángeles y parientes para ayudarlo a llegar a la luz, como en las películas?    ...

El mensaje

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     Tomo un poco más de vino… o café, da igual. A las 7:49 de la noche se da una el permiso para escoger el elixir de su preferencia. Al fin de cuentas hoy nadie juzga, es viernes, de música, lluvia y pensamientos enredados. El reloj de la cocina tictoquea  restando segundos de vida, mientras los vecinos de al lado celebran, entre risas y amigos, el trigésimo cumpleaños de Marco.        Yo, de pierna desnuda extendida en el sillón, miro de reojo a Saúl sumergido en su teléfono. Respira y se mueve, señal de que está vivo, pero su ausencia me encabrona más que nunca.      —Besé al vecino.      —Ahhh… qué bien… —pausa larga. Disculpá ¿qué decías?      —Nada, que ¿qué se te antoja hacer?      —Así estoy bien, si querés encendé la tele, si te hace falta. Yo ardo hoy. Me comen las ganas por un encuentro. Por no sentirme mueble o licuadora, parte del paisaje de nuestra casa. Que llevemos más de...

Tenemos algo pendiente

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Dicen por ahí que la verdadera esencia del romance es la incertidumbre y, si esa frase tiene algo de cierta, mi noviazgo debe estar al tope, en la cúspide, porque cómo me cuesta descifrar a Giulio. Un día me ama y al siguiente no me quiere ni en pintura. No lo culpo, eh. Yo ya estaría hasta las cejas de mí, de tanto alboroto que se me hace; de tantas vueltas que terminan por convertirse en mi vida. No me justifico. ¡Es lo que es! Que yo sea un desastre no quiere decir que no lo quiera y mucho. Hoy es día festivo y hemos quedado en dar un paseíto a la playa más tarde. Amaneció medio raro él; como frío, decidido a darle muerte a esto que llamamos amor. Pero yo no puedo soltar tan fácil. No quiero. Su misterio me encanta y si cortamos acá dejaremos pendiente media vida. Giulio no dura mucho en llegar. Monto su ciclomotor y aseguro la mochilita que lleva lo necesario para el día. Una vez ahí, recostados en cruz sobre la arena, le digo:     — ¿Sabés que aún no hemos planeado el via...