El pasillo
Mi vaso con agua cae al suelo quebrándose en minúsculos pedazos. Deja un agualotal desastroso capaz de hacer resbalar a cualquiera. Yo rapidito recojo del piso lo que alcanza con la servilleta que siempre mantengo en la mesa de noche. Seco con apuro el líquido con los ruedos de mi bata de dormir. ¡Qué escándalo! Por suerte nadie ha despertado. El pasillo junto a mi ventana es frío, especialmente de noche. Una maraña de mosaicos decorados gastados de tanto trapo que han llevado. Huele como a cloro o vinagre, ¿qué se yo cuál menjunje usará la encargada para matar los bichos? Lástima que no lo mate todo. Se ha vuelto frecuente que observe a los niños curiosos que se pasean en puntitas a lo largo del pasillo para no ser descubiertos. O los pajarillos nocturnos que dejan un taca taca taca apresurado al pasar. ¿Ha escuchado usted como suena el golpe de uñas rítmicas sobre una superficie lisa? Sí, justo así suenan las patitas. A mitad de la noche pelo el ojo y me asomo tímidamente al filo de...