Se sentía como un escalofrío que alcanzaba los huesos. Una corriente helada navegando a velocidad 2x por cada fibra de mi sistema nervioso hasta congelar el corazón. Su Ausencia está en todas partes: en lo cotidiano, al preparar los huevos por la mañana, en la ducha, al doblar la ropa de cama, al hacer visitas rutinarias al supermercado del barrio o ante cualquier aventurilla de domingo. Y es que no es fácil hacer amistad con la ausencia de alguien. Esa amargura, negrura espesa que conlleva, ese tira y encoge que forma parte intrínseca de ese tipo de relación me tiene a veces en llanto descontrolado y otras en una ola de carcajadas por borbotones. Nos llevamos tregua su Ausencia y yo... beef diría ella. Y así es, ella, en sustantivo, porque su estado inmaterial se percibe más fuerte que cualquier otro. ¡Manipuladora la condenada! Me distrae del presente, de lo que debería ser importante en mi día. Me distrae hasta de mí misma. De vez en cuando su Ausencia, su excele...
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